La herencia de los hermanos Arias

Fuente:EL ESPECTADOR.COM |Marzo 5 de 2016

El 20 de agosto de 2011, por complicaciones en el posoperatorio de una úlcera estomacal, a sus 86 años falleció en el centro médico Imbanaco de la capital del Valle el emblemático dirigente del Deportivo Cali, Humberto Arias. Seis meses después, en un juzgado de familia, se declaró abierta la sucesión de sus bienes con base en un testamento que el propio Arias formalizó desde 1996. Hoy, esta millonaria herencia representa el tema de fondo de una pelea que ya llegó a la justicia penal y que tiene preso a uno de los hijos del dirigente deportivo.

Hacia las tres de la tarde del pasado miércoles 2 de marzo, en un inmueble ubicado al norte de Cali, unidades de la Sijín capturaron a Humberto Arias Bejarano, hijo mayor de Humberto Arias. La Fiscalía informó que un sicario conocido como alias Jefry, perteneciente a la banda delincuencial Los del Obrero, confesó que Arias Bejarano y dos personas más lo contrataron para perpetrar el homicidio del contador Carlos Alberto Sarria. Este último fue asesinado a tiros en enero de 2015 y fue relacionado con el dirigente fallecido.

Todo este enredo que empaña la memoria de uno de los directivos más representativos del Deportivo Cali y que tiene conmocionada a la sociedad vallecaucana, al parecer tiene su origen en la disputa familiar por su legado económico. Desde 1996, cuando Humberto Arias radicó su testamento en la Notaría Décima de Cali, dejó claro que sus herederos universales eran sus tres hijos: Humberto Arias Bejarano, Carlos Humberto Arias Guinand y Christian Bryan Arias González, todos hijos de madres distintas y mayores de edad.

Sin embargo, un año antes de su fallecimiento, ocurrió una novedad. El segundo de sus hijos, Carlos Arias Guinand, fue blanco de un atentado en Cali. El 31 de marzo de 2010, cuando ingresaba a un local comercial de su propiedad, un sicario le disparó en el rostro y, cuando cayó herido al piso, le hizo un segundo disparo. Sobrevivió de milagro y, cuando se recuperó, decidió marcharse del país. Se radicó en Tampa, en el estado de Florida (Estados Unidos). Antes de hacerlo le dio poder a un abogado conocido para que lo representara en sus negocios.

Ese abogado es José Fernando Hinestrosa, quien a partir de mayo de 2010 tomó el poder de Arias Guinand para intervenir en todo lo referente a sus bienes, derechos y obligaciones. Como era lógico, cuando falleció Humberto Arias y empezó el trámite de sucesión en el Juzgado Cuarto de Familia, Hinestrosa llegó a representar a su cliente. Siete meses después de iniciado el proceso, Humberto Arias Bejarano, hijo mayor del fallecido, con un supuesto poder otorgado por su padre y a espaldas de sus hermanos, comenzó a maniobrar.

Acudió a una notaría de Cali y, a título de donación, trasladó el dominio de varios bienes inmuebles que aparecían como propiedades de su padre a sus hijos menores de edad. Además, repitió la misma acción, otorgándole como donación otros bienes a la sociedad Gestión Administrativa e Inmobiliaria SAS, representada legalmente por su esposa Claudia Lorena Ordóñez. En otras palabras, bienes que tenían que entrar en la sucesión de Humberto Arias terminaron en manos de su hijo mayor, como si fueran donaciones a los nietos y nuera.

De esta manera, por la vía de la donación, Arias Bejarano se quedó con un lote en la urbanización El Gran Limonar avaluado en $1.500 millones. También con una bodega y su lote anexo situada en el municipio de Yumbo, avaluada en $566 millones; una casa con lote ubicada en el barrio San Vicente, al sur de Cali, valorada en $274 millones, y un lote de terreno con casa de habitación situada en la urbanización La Arboleda y, según el Catastro, con avalúo comercial de $1.432 millones. Las donaciones quedaron selladas en escrituras.

Sin que se percataran de lo que estaba sucediendo, en julio de 2013, los hermanos medios Carlos Arias Guinand y Christian Arias González se unieron para persistir en otorgarle poder amplio y suficiente al abogado José Fernando Hinestrosa para que los representara en la sucesión de los bienes de su padre. La diligencia se realizó en el consulado general de Colombia en Orlando (Estados Unidos), aclarando que no conocían a otros interesados, legatarios o acreedores diferentes a ellos y a su hermano mayor Arias Bejarano.

El 30 de noviembre de 2013, siempre a espaldas de sus hermanos, Arias Bejarano dio un paso más temerario. Le dio poder al abogado Norman Zapata, y ante la Notaría Única del municipio de Jamundí (Valle) se acreditó como único heredero de los bienes de su padre Humberto Arias. Lo hizo para acceder a una inversión que aquél tenía en una cartera colectiva de Seguridad Bolívar y un producto del Fondo Voluntario de Pensiones Colseguros, lo cual le permitió hacerse a títulos por valor de $534 millones, sin que el notario hiciera reparos.

A estas alturas, aún confiado en su abogado Hinestrosa, desde Tampa, Carlos Arias Guinand aceptó que aquél suscribiera escrituras para una promesa de permuta con la firma Inversiones Zoilita Ltda., cuya representante legal era Claudia Lorena Ordóñez, su cuñada. En el documento quedó registrado que la mencionada sociedad debía transferir a Arias Guinand el dominio y la posesión de una serie de bienes inmuebles situados en el conjunto residencial Casa Loma. Unos 100 garajes, 43 depósitos, 5 locales y 53 apartamentos.

No obstante, días después, el 1°de marzo de 2014, ante la Notaría Sexta de Cali, valiéndose del poder general que le había otorgado Carlos Arias Guinand, el abogado Hinestrosa transfirió a Inversiones Zoilita Ltda. los derechos de herencia de su cliente, que vendió en $800 millones. Hoy Arias Guinand tiene claro que con esa vuelta, su abogado y su cuñada le causaron un “gravísimo detrimento patrimonial, porque terminó cediendo sus derechos herenciales por una suma irrisoria, cuando en la promesa de permuta se hablaba de $17.000 millones.

Como si fuera poco, el 7 de junio de 2014, Arias Bejarano regresó a la Notaría Única de Jamundí, esta vez a través del abogado Carlos Lemos, y de nuevo presentándose como “heredero único del señor Humberto Arias”, se adjudicó un lote de terreno con casa de habitación en Cali y una finca situada en Jamundí con superficie de 16 hectáreas y cultivos de café, cacao, árboles frutales y pastos naturales. El monto de los activos que fueron incluidos en el acervo hereditario quedaron registrados en $1.091 millones, con los paz y salvos de ley.

Es ese momento ya para Arias Guinand era evidente que su hermano mayor y su abogado lo habían defraudado. En febrero de 2015, apenas 15 días después del asesinato del contador Carlos Alberto Sarria, una vez más en la Notaría Única de Jamundí apareció el abogado Carlos Lemos argumentando que su cliente Arias Bejarano era heredero único. Lo hizo para consolidar que el legado ascendía a $11.235 millones y que la sociedad Inversiones Zoilita Ltda. representaba la propiedad principal de los bienes inventariados en la herencia.

Desde entonces, aunque a la distancia Arias Guinand tiene claro que su única estrategia es moverse en el ámbito de la justicia penal, civil y disciplinaria. Por eso acudió al abogado Carlos Sánchez, quien ya emprendió las acciones del caso. Primero para advertir a la Fiscalía de la presunta estafa a través de los artificios y engaños orquestados por Arias Bejarano. Al mismo tiempo, contra el abogado Hinestrosa por faltas contra la dignidad de su profesión y la lealtad con la justicia y su propio cliente.

Sánchez considera que, a la luz del Código Penal, también se puede configurar el delito de usurpación de tierras y el de fraude procesal. En cuanto a la Notaría de Jamundí, el abogado Sánchez considera que debería ser investigado por falsedad ideológica en documento público. Por la vía civil no se descarta emprender acciones en busca de indemnización por los perjuicios económicos del caso, lo mismo que los procedimientos que sean pertinentes para que se indague a los abogados que permitieron que Arias Bejarano se declarara heredero único de su padre.

Mientras este lío se resuelve, el asunto ya va en laberinto penal. Como lo ha informado la prensa vallecaucana desde hace varios días, después de una investigación entre la Policía y la Fiscalía, fue desmantelada una banda de sicarios conocida como Los del Obrero. En la redada cayeron 17 integrantes, y entre los hechos que se les atribuyen a los capturados aparece el homicidio del contador Carlos Alberto Sarria, ocurrido en enero de 2015. Aunque la Policía sostiene que su misión era el microtráfico, también obraban al mejor postor.

Precisamente, en ese contexto se produjo este miércoles 2 de marzo la captura de Humberto Arias Bejarano. Según el fiscal que lleva el caso, presuntamente se asoció con dos personas más para concretar el crimen del contador Carlos Sarria. El motivo, reveló el periódico El País, citando al fiscal del caso, fue que el contador descubrió las falsificaciones de Arias Bejarano para hacerse acreditar como único heredero de títulos valores y otros bienes que tuvo en vida su padre, el reconocido dirigente del Deportivo Cali, Humberto Arias.

Al parecer, Arias Bejarano, con el apoyo de unos de sus mensajeros y un asistente administrativo, planeó el crimen de Sarria. El primero contactó a la banda delincuencial Los del Obrero y aportó el arma de fuego, y el segundo contactó al abogado José Fernando Hinestrosa para que citara a Sarria en inmediaciones del parque Del Perro. En ese sitio se produjo el crimen. Hoy, Arias Bejarano y sus dos colaboradores están detenidos, y aunque ninguno aceptó los cargos, se les sindica de homicidio y porte ilegal de armas. El abogado Hinestrosa también fue capturado.

Todo está por verse, pero en Cali no deja de comentarse lo insólito que resulta que por la herencia del dirigente que fue cuatro veces presidente del Deportivo Cali, que consiguió tres títulos nacionales y un subcampeonato de la Copa Libertadores, hoy se libre una pelea con muertos, detenidos y disputas judiciales de por medio. Humberto Arias tuvo tres hijos y, al momento de su fallecimiento, también seis nietos. A todos ellos, 15 años antes de morir, les dejó todo lo que consiguió con esfuerzo y amor por su divisa. Hoy su legado parece una historia de dolor y sangre.

El edificio clave en la disputa por los bienes

Además de algunos bienes rurales y locales comerciales, el principal activo de la sucesión para los herederos del dirigente Humberto Arias es el conjunto residencial Torres de Casaloma. Está ubicado en un elegante sector de la capital del departamento del Valle. Según reportó en el poder que Carlos Humberto Arias Guinand le confirió al abogado José Fernando Hinestrosa Mejía, actualmente en prisión, está conformado por 194 bienes inmuebles cuyo valor total suma varios millones de dólares.

Y es precisamente el lío mayor, como quiera que lo que Arias Guinand señala desde Estados Unidos, a través de sus abogados, es que no está recibiendo lo que le corresponde por concepto del alquiler de muchos de esos bienes. Según la oferta que presenta la Inmobiliaria Zoililta para la renta, el precio mínimo mensual de alquiler es de $2 millones al mes, lo que hace un negocio atractivo. Por esta razón, los abogados buscan, además del tema penal, una compensación económica para su cliente.

Un referente de la dirigencia deportiva

Humberto Arias, junto con Álex Gorayeb, han sido los directivos de mayor aprecio y admiración por parte de la afición del Deportivo Cali. Arias nació en Pereira, pero cuando cumplió la mayoría de edad se trasladó a la capital vallecaucana. Desde su juventud se dedicó al comercio a través de los Sanandresitos y al negocio inmobiliario. Su pasión por el fútbol y el club lo llevaron en pocos años a ser socio. En 1984 ingresó como miembro de la junta directiva y posteriormente se desempeñó como presidente de la institución varias veces. Jugadores, directivos y técnicos siempre destacaban en Arias la facilidad para relacionarse y el buen trato que recibían.

En el ámbito empresarial su gestión generó solidez económica y administrativa del club. También fue el promotor en la construcción de un estadio propio para el Cali y así ubicarlo al nivel de los grandes equipos del mundo. En agosto de 2001 puso la primera piedra para el estadio de Palmaseca. A los 86 años falleció.