Conejo de Estado

8 DE DICIEMBRE DE 2017 / Abelardo De La Espriella

El remoquete con el que titulo este artículo no es gratuito: del otrora prestigioso y encumbrado máximo tribunal de lo contencioso administrativo, poco perdura. Atrás quedaron los años maravillosos en los que el Consejo de Estado contaba entre sus “huestes” con distinguidos juristas de excelsas calidades humanas y académicas. Los fallos llenos de sabiduría y claridad conceptual son cosa del pasado. Con muy pocas y honrosas excepciones, la composición de dicho tribunal, hoy día, es francamente lamentable. La politiquería, la codicia, la ramplonería y el paroxismo de la egolatría son los derroteros que hoy marcan la senda por la que transita esa desdichada corporación.

El tramposo

1 DE DICIEMBRE DE 2017 / Abelardo De La Espriella

El presidente Santos no termina de sorprender: día por medio muestra su lado más oscuro y hace lo que se le viene en gana: pisotea y ultraja la Constitución y la Ley a su antojo, convencido de que nada le ocurrirá. La diferencia entre el tirano venezolano Nicolás Maduro y la “joya” que tenemos como gobernante los colombianos estriba en las formas, porque, en lo sustancial, ambos mandatarios son muy similares. Aunque a estas alturas (reconozco con horror) me quedo con Maduro: por lo menos ese bárbaro no posa de lo que no es, mientras que Santos se muestra como un caballero y un demócrata, cuando en realidad es un bribón.

ASPIRINA PARA EL CÁNCER

19 DE NOVIEMBRE DE 2017 / Abelardo De La Espriella

Y sucedió lo obvio en el Senado de la República: las mayorías “enmermeladas” terminaron cediendo a la presión extorsiva del régimen y vendieron por puestos y contratos (como suelen hacerlo) sus corruptas y putrefactas conciencias. Las canonjías y dádivas pesaron más que la salud de la República. Era de esperarse: con la clase de congresistas que tenemos, ningún buen augurio podrá materializarse. De esa caterva de mercaderes no sale un caldo.

Samper y Serpa, el dúo maligno

25 DE NOVIEMBRE DE 2017 / Abelardo De La Espriella

Ernesto Samper y Horacio Serpa son dos políticos de ingrata recordación para el pueblo colombiano: uno de los periodos más oscuros, vergonzosos y aciagos de la República, el proceso 8000, se produjo, en gran medida, como consecuencia de la falta de escrúpulos del expresidente de marras y de su escudero de cabecera, a la sazón Ministro de Gobierno. La campaña a la presidencia de Samper fue financiada por el cartel de Cali. Eso es un hecho probado, y, aunque el exmandatario insista en que todo fue a sus espaldas, para nadie con tres dedos de frente es un secreto que Samper y su círculo cercano tenían perfectamente claro que la plata con la que le robaron la Presidencia a Andrés Pastrana estaba “más sucia que un rancho solo”, como dice el vallenato.

¡REBÉLATE, CONGRESO ARRODILLADO!

12 DE NOVIEMBRE DE 2017 / Abelardo De La Espriella

Por lo general, los seres humanos viven momentos determinantes en el transcurrir de su existencia, en los cuales deben sentar posiciones, hablar fuerte, generar precedentes o como, se dice coloquialmente, “pararse en la raya”. Lamentablemente, el carácter es un atributo de la personalidad muy escaso por estas tierras del Sagrado Corazón de Jesús: el colombiano promedio es conocido por ser acomodado, oportunista y flemático. La valentía, el arrojo, la gallardía y la altivez no son precisamente los rasgos más representativos de nuestra raza. Lo anterior explica de forma meridiana por qué, a pesar de la anarquía reinante, el pueblo aguanta los avatares indecibles incubados por el desgobierno del régimen santista, sin volcarse a las calles -como debería ser- a exigir los cambios que demanda la Patria.